lunes, 10 de febrero de 2014

La primera revolucion industrial

La Revolución Industrial transformó la estructura social, la vida y las costumbres existentes en el mundo civilizado. La producción artesanal del taller y el maestro, con sus empleados aprendices, fue reemplazada por la producción en gran escala impulsada por la nueva tecnología de las máquinas, el trabajador especializado en su manejo y centros urbanos que agrupaban en un solo espacio grandes cantidades de materias primas, productos finalizados y lo más novedoso, cientos de empleados que responden a un contrato con un empleador. La elaboracion de más productos en menos tiempo, con mejor calidad y menor precio, produjo un cambio profundo en las costumbres de consumo y dio lugar a dos nuevas clases sociales: la burguesía y industrial y la clase obrera. La competencia entre la moderna factoría y el viejo taller derivó en la quiebra económica de los artesanos y el desempleo de los aprendices. Sin ocupación y sin el ingreso necesario para su sostenimiento y el de su familia, estas personas no tuvieron otra opción distinta a la de formar parte de los empleados que impulsaban la nueva forma de producir bienes para la sociedad. La oferta de mano de obra arrebatada al taller artesanal no era suficiente para satisfacer la demanda de la industria, que recurrió al empleo de niños y mujeres a los que vinculaba con menores pagos y trato indignante. La producción alcanzó cifras insospechadas en sus primeros treinta años. En Inglaterra la producción textil pasó de cuarenta millones de yardas al año, en el taller artesanal, a dos mil veinticinco millones de yardas anuales, con la nueva industria. En la medida en que avanzaba la industrialización y se incrementaba la tecnificación del proceso productivo, la calidad de la mano de obra necesaria para operar las nuevas máquinas exigió nuevas especializaciones y competencias laborales. Esta situación generó incentivos y mejores pagos para los trabajadores con mayores conocimientos, lo que se reflejo en su nivel económico y en su posición social. La tecnificación acelerada también creó un gran desplazamiento de obreros que fueron sustituidos por las máquinas que garantizaban una mayor productividad. La consecuencia inmediata fue un crecimiento de la miseria alimentada por el desempleo y los bajos salarios de la mayoría de quienes conservaron sus empleos. En Inglaterra el nivel salarial pasó de catorce chelines en 1815 a cinco chelines en 1834. El descontento social produjo grandes motines y movimientos de protesta organizada, entre los que se destaco el cartismo en Inglaterra, que agrupó a más de un millón de trabajadores industriales y que elevó iniciativas legislativas ante el Parlamento para que se promulgaran leyes de protección al empleo. Otras expresiones de desesperación ante la miseria social, llevó a muchos trabajadores a la destrucción de las máquinas, a las que identificaban como la causa principal de su situación.

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